La impagable deuda interna

El pesimismo se adueñó de nuestra sociedad, cada día aparecen más y más postulados para irse del país en busca de un mejor porvenir. Y esto suena muy feo, sobre todo en un país que se nutrió de inmigrantes que llegaron con el dolor de abandonar su tierra natal, los cuales después de un par de generaciones, se plantean un nuevo exilio.

¿Porqué se da este suceso? ¿Es ilógico este pretendido éxodo?
Lamentablemente estamos asistiendo a una realidad que no es la deseada por nadie. Vemos que los gobernantes de turno no han sabido encaminar a la Argentina por los carriles de la normalidad, donde no hay formas de trabajo de manera genuina, las presiones tributarias hacen estragos con los que intentan emprender algún tipo de actividad en materia de producciones industriales, comerciales o de servicios.

Esto se da por una razón sencilla, no existe ningún plan para poder encarar las distintas problemáticas que nos aquejan. Pasan los gobiernos y cuando no se encuentran las respuestas lógicas, la culpa la tiene la gestión anterior. Así nos pasamos remendando presentes, con una inflación interanual del 50%, y no aparece en un plazo mediato situaciones que modifiquen el panorama.

Inseguridad, falta de trabajo, hambre, pandemia (principal problema en materia de salud), obras públicas, educación, son solo la punta de un enorme ovillo que conforman la deuda Interna. La realidad indica que las próximas elecciones ahondan y ensanchan la famosa grieta, donde no alcanza con separar vencedores y vencidos. Esta encarnizada lucha deja sobrevivientes maltrechos, pero sin soluciones de fondo.

Y llegamos a la triste reflexión que le da la razón a don Atahualpa Yupanqui, en «El Payador Perseguido», cuando escribió, «Muchos trabajamos de truenos, pero es para otros la llovida».